martes 9 de junio de 2009

Ahh el Amor!

El amor debe ser sinónimo de libertad, o es lo que nos han dicho o hemos escuchado talvez. Pero, ¿Realmente lo creemos o lo practicamos?
Si no saben, tengo 21 años, quizá un poco joven para hablar de todo este mar que representa el amor, pero tengo que decir lo que pienso y todos mis enredados pensamiento comenzaron a raíz de una conversación que tuve con un psicópata, ¡Qué bueno que entre psicópatas nos entendemos!, y me decía que el amor en nuestra tierra (Manabí, donde él y yo vimos la primera luz) llega siempre acompañado de acciones que son realmente innecesarias, es una premisa con la que estoy totalmente de acuerdo, y justamente por eso decidí escribir algo para tratar de entender este fenómeno.

¿Qué acciones se estarán preguntando? Pues bien todo empieza en la etapa esa en que conoces a alguien que te llamó la atención y haces de todo por conquistarla o conquistarlo y “pasar el rato”. Pocas de aquellas relaciones llegan a algo más que solo el sexo desmesurado de los primeros días.
Entones empiezan a verse más seguido a compartir más, las lindas noches juntos, las cenas románticas, el cine, te das cuenta que aquella persona es más especial que el resto… hasta que despiertas y te das cuenta que estas en una relación en la que ocupas el 95% de tu vida, por lo tanto dejas de ver a tus amigos, dejas de ir a las mismas fiestas de antes, miras en tu celular y solo ves sus mensajes o sus llamadas registradas, y… ahí es donde viene el dilema, cuando tratas de volver a hacer lo que hacías antes y conservar a tu pareja al mismo tiempo llega el choque emocional, en pocas palabras se siente la represión del amor. Voluntaria o involuntariamente.

Justamente noches anteriores que hablaba con mi amigo el psicópata (si esta leyendo esto ya sabe que es placer para mi llamarlo así) le decía que soy una ferviente propugnadora de que el amor debe ser libre, pero tenemos tan arraigadas aquellas costumbres de ponerle título a las cosas, de ponerle cadenas a los sentimientos con palabras como te amo o te quiero y si no se lo pronuncia asiduamente es un pecado, y lo estipulo porque es cierto, el ser humano no se conforma con seguir las señales que indican que hay amor sino que tienen que adornarlo, y el mayor de estoy adornos es el Matrimonio.

El Matrimonio (no profundizaré en esto ahora) es una de aquellas acciones de las que le hablé al inicio. ¿Es realmente el inicio de algo maravilloso? ¿Realmente es la forma de unir a dos seres que se aman para siempre? Yo no lo creo, lamento hablar en primera persona y ser tan subjetiva en mi apreciación pero el Matrimonio Sucks! Como dicen por ahí los de habla inglesa. En realidad todo eso es pura parafernalia inútil no entiendo como un pastel, un vestido blanco, la firma de un documento, pueden garantizar el amor eterno, claro que ha habido casos por millares en los que ha habido un final feliz pero no creo que sea el matrimonio la causa de esto. Los seres humanos deben desaprender muchas cosas y aprender el doble, aprender que una mirada, risas, un beso, pueden representar al amor mucho más fuerte que la seguridad de que puedes quitarle sus bienes a alguien con un papel. A actuar con cautela el terreno escarpado del amor a dejarse llevar, inundarse de emociones sin importarle el mañana, y si tienes la dicha de al abrir los ojos encontrar a tu ser amado, disfrútalo, sin tener que llamarlo novio, enamorada, marido o esposa, que en los títulos no cabe el amor.