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Mostrando entradas de 2013

Zapaterías colgantes (shoefiti)

¿A quién no le gusta tener zapatos nuevos? Hay personas que los compran cada semana, otras que ahorran por mucho tiempo para adquirir un par, y unas cuantas los lanzan a los cables de energía. Sí, los avientan al tendido eléctrico porque "dicen por ahí" que quien lo hace, al poco tiempo recibe calzado nuevecito. En la cooperativa Los Unificados de Santo Domingo de los Tsáchilas, José Quiguiri levanta la mirada y se ríe. Observa los pares que están colados sobre un cable de luz y relata que esos zapatos los pusieron allí "unos pelados", que creen que pronto por arte de magia tendrán zapatos nuevos. "De ley van a tener zapatos nuevos porque lanzaron el único par que tenían", bromea. Pero ir por varios sectores de la ciudad y encontrarse con esta "decoración" en el alambrado eléctrico, podría tener un significado más profundo, que el de varios muchachos deseando lucir calzado de paquete en sus pies. Lucila tiene la respuesta.

Los roles en la vida cambian, el amor no...

Mi papá y yo en mi primer cumpleaños Vuelvo a este lugar luego de 26 años. Ahora llevo de la mano a mi papá. Él me trajo aquí cuando apenas tenía tres meses de nacida para salvarme la vida. Ahora camina más lento, soy más alta que él y me doy cuenta que el tiempo pasa rápido, y los roles que te da la vida cambian. Este lugar está diferente, mamá me describe cómo era cuando me operaron, mientras esperamos a que un doctor revise a mi padre. Los roles en la vida cambian, el amor no. Hay palabras que pueden transformarlo todo. Unas que te hacen reír a carcajadas, otras que te fruncen el ceño y algunas que le arrancan lágrimas a tus ojos. Esas últimas son terribles. Contrincantes difíciles a la hora de mostrarte fuerte. "Tu papá está enfermo", me acuchilló el médico. Una persona no está acostumbrada a estas letras juntas. Se supone que los papás son súper héroes que bajan calenturas, dan jarabe en la boca, te ponen pañitos húmedos en la frente. Creo que estoy sintiendo lo mis

Para el amor no hay edad

Santita cumplió la promesa que le hizo a su mamá: se casó. Tuvo una boda sencilla, civil y eclesiástica el 28 de febrero de 2011. Su amor, como ella lo describe, es un hombre “guapísimo”, de ojos azules y que la ama. “Hugo sí que me quiere”, dice. A pesar de que ya no recuerda el apellido de su esposo, pues los 80 años que tiene Santa Guadalupe Pisco hacen que su memoria falle. El amor que siente por Hugo, 10 años menor que ella, es tan grande que no miró su edad. Santa y Hugo se conocieron hace 3 años en el Centro Gerontológico Guillermina Loor y, como recuerda Santa, los ojos azules de su amor la atraparon. En ese mismo lugar se celebró su boda. Santa nació en Junín, pero se crió en San Plácido, y en su primera unión tuvo 3 hijos, todos fallecidos. La mujer recuerda que con el papá de sus hijos no pudo casarse porque él ya tenía otro compromiso “y me dejó por otra”, recordó. Pero el amor le permitió conocer a Hugo Macías y ahora comparten su vida en el asilo, pues a ambos sus fam

Un "Jardín del Edén" en ancianato

Al cruzar el portón de la entrada, un “mar” de colores se mueve con el viento. Hay flores de todo tipo. A lo lejos, un pato canta. La voz de unos borregos le hacen eco.  Se camina unos metros, y los árboles frutales dan la bienvenida a los visitantes, también una gallina y sus pollitos se alejan temerosos. No, no es un Jardín del Edén, aunque se le parezca, se trata del ancianato Santa Ana y San Joaquín, en Santo Domingo de los Tsáchilas. Manos a las que el tiempo ha llenado de arrugas, pero que no ha podido detener, han creado jardines y huertos, han criado animales. “Venga mi guagua, mi guagüita”, susurra José Yamberla mientras agita sus manos, llamando a “Satélite”. Ella es la más pequeña de sus borregos. “Todos tienen nombre, Chavelita, Susanita y Panchito”, dice el hombre, que está próximo a cumplir los 80 años. Desde hace tres años, José vive en el ancianato y es el encargado de criar y cuidar a los cuatro borregos y los chanchos que ahí existen. Desde hace dos años, Santa Ana

Una historia de amor... Inusual pero, ¿qué amor es usual?

Un hombre transexual argentino embarazado se casa con su mujer transexual El transexual argentino Karen Bruselario, nacido varón, contraerá matrimonio el próximo viernes con su pareja, Alexis Taborda, también transexual y embarazado de ocho meses, informaron hoy a Efe fuentes oficiales.   "(Taborda y Bruselario) se casarán el viernes", confirmaron a Efe fuentes del Registro Civil de Victoria, en la provincia de Entre Ríos, 276 kilómetros al norte de Buenos Aires. Alexis, embarazado de ocho meses, será el primer hombre transexual en dar a luz en Argentina. "Para nosotros es un orgullo estar en un país que ha logrado a través de la Ley de matrimonio igualitario y la Ley de identidad de género permitir que cada pareja pueda formar una familia como quiera, como lo sienta y como lo exprese", dijo a Efe el presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, Esteban Paulón. Además, sostuvo que la esencia de una familia es el amor

Vende placer a los 60

Foto: Lino Morejón, publicada en Diario Centro. "Ni por más que uno se maquille, las arrugas no se pueden esconder", dice con una expresión de resignación, mientras se lleva las manos a su rostro. Tiene 60 años, su piel lo confirma. Pecas, arrugas y manchas están meticulosamente cubiertas de polvo compacto, rubor, sombras de colores vivos y lápiz labial rojísimo. Debe abusar del maquillaje para tratar de verse más linda, más joven, más llamativa. Su físico le da de comer, su cuerpo es su única herramienta de trabajo. Es trabajadora sexual, y lo ha sido desde los 14 años. Cierra sus pequeños ojos cargados de rimel y de tristeza, tratando de recordar lo que la llevó a profesionalizarse en el mundo del sexo a cambio de dinero. Los abre y cuenta lo que ocurrió hace 46 años, en aquel "salón" al que la llevó su novio. "Mijita usted va a servir cervecitas y ser amable con los clientes", le dijo aquel hombre con el que convivió dos años.

¿Cómo hacerte saber?

¿Cómo hacerte saber, que siempre hay tiempo? Que uno solo tiene que buscarlo y dárselo que nadie establece normas salvo la vida que la vida sin ciertas normas pierde forma que la forma no se pierde con abrirnos que abrirnos no es amar indiscriminadamente q ue no está prohibido amar que también se puede odiar que el odio y el amor son afectos q ue la agresión porque sí, hiere mucho que las heridas se cierran que las puertas no deben cerrarse que la mayor puerta es el afecto que los afectos nos definen que definirse no es remar contra la corriente que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja que buscar un equilibrio no implica ser tibio q ue negar palabras implica abrir distancias que encontrarse es muy hermoso que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida que la vida parte del sexo que el porqué de los niños tiene un por qué que querer saber de alguien no solo es curiosidad que querer saber todo de todos es curiosidad malsana que nunca esta de má

Fanny volvió a vivir

Fanny y sus nietas en la entrada a su domicilio Cuando alguien piensa en clavos, se imagina cualquier cosa, menos tenerlos en la cabeza. Fanny Ortiz tiene tres.   “Fue necesario que me ubicaran tres clavos en la cabeza para poderme salvar la vida”, cuenta.   Cuando los médicos le detectaron a Fanny hipertensión hace un par de años, ella no se preocupó, un día tomaba pastillas, el otro no. Hasta que un momento de “coraje” la puso entre la vida y la muerte.   “Dios me dio la vida de nuevo”, dice. De lo que le pasó, ella sólo recuerda que estaba discutiendo con los dueños de una fábrica que afectó una de las tuberías del sector donde vive, en el barrio 15 de Noviembre, más conocido como “La Cubera”, en Santo Domingo de los Tsáchilas, Ecuador. Fanny cree que le hicieron ese mal al barrio porque “allí vivimos muchos morenitos”.   Relata que le dieron muchas iras, y de repente sintió que algo le “atravesaba” la cabeza, un golpe muy fuerte. Pero nadie la golpeó. Una de las a

Tumbas sin identidad

"Recuerdo de sus hijos y de su esposo",  apenas se alcanza a leer en un manuscrito borroso. Alrededor de las lápidas sucias crece maleza.  No hay flores, sólo hierba y uno que otro caracol. Por ningún lado está el nombre de la mujer que tiene más de 15 años enterrada en ese lugar. El tiempo, al igual que sus familiares, al parecer la olvidaron.  En el cementerio del Plan de Vivienda Municipal, en Santo Domingo de los Tsáchilas, hay cientos de tumbas con las mismas características: solamente cruces viradas o rotas dan fe de que debajo de esa tierra hay cuerpos que en el pasado tuvieron un alma, un nombre.  "Aquí no sacamos al muertito”, dice Lino Franco, quien tiene más de 10 años como panteonero de este camposanto. Detalla que a pesar de que 2.000 de las casi 5.000 tumbas de ese cementerio no tienen nombre, no desenterrará los cadáveres para depositarlos en una fosa común, a pesar que desde hace años no son visitados por nadie. “Todos tenemos ese mismo dest

Un día para los muertos

Gerardo Galeas limpiando la tumba de su hermana En un “mar” de cruces blancas sobresalía la gorra azul de Gerardo Galeas aquel lunes 28 de octubre. Con un tacho amarillo, un cepillo y una tarrina llegó desde el recinto La Libertad hasta el cementerio Liberad del Toachi, en Santo Domingo de los Tsáchilas.  Como todos los años, Galeas visita al camposanto, ubicado en el kilómetro 7 de la vía a Las Mercedes, para limpiar las tumbas de sus familiares que allí descansan eternamente.  En el 2011, un accidente le arrebató a su mamá. Ahora se limita a sacarle brillo a la baldosa que recubre su sepultura.   Antes de celebrarse el Día de los Difuntos, el hombre realiza el aseo de las tumbas, para el sábado 2 de noviembre visitarlas con toda su familia.  Galeas acaba de limpiar la bóveda de su mamá y cruza el cementerio buscando la de su hermana, que falleció hace más de 11 años. Cuenta que no las pudo enterrar juntas por falta de espacio.  En el camposanto Libertad del Toachi hay

Hablando de tatuajes...

Este tatuaje es la mariposa de mi banda favorita Coldplay La máquina de tatuar se enciende y la adrenalina en el cuerpo se dispara.  Ese zumbido es una inyección de altas dosis de esta hormona, que sólo pueden sentirlas quienes alguna vez se han hecho un tatuaje. "Siéntese y no se mueva", me dice "El Demonio".   Este joven de 23 años, y de seudónimo bíblico, es quien se encargará de marcarme la piel de por vida. Es mi segundo tatuaje, estará en mi nuca y es el símbolo de una mariposa. Cuando me hice el primero pasó igual, esa sensación que recorre todo el cuerpo. Aquel 25 de enero me grabé una "M", en mi muñeca derecha. Inicial de Mercedes, el nombre de mi mamá. Hacerse un tatuaje, al menos para mí, es una decisión defi nitiva, varias circunstancias que ocurren en el camino de la vida te llevan a sentarte en el diván de un tatuador. "El demonio" se sentó atrás mío, tomó mi extensa cabellera y me pidió que la recoja. Otra vez activó el

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