Necesidad, estrechez, carencia de lo necesario para vivir, es como los diccionarios describen a la pobreza. Cuando llegué ayer al hogar de la familia Pianchiche Tapuyo, fue la primera palabra que se me vino a la cabeza. Lo que al parecer en alguna ocasión fue una casa, ahora es su hogar. La estructura tiene más de 20 años y ahora carece de paredes, sólo un plástico en un costado, y un techo agujereado protegen del sol, el viento y la lluvia a Guacho Pianchiche (42), su esposa Rosa Tapuyo (43) y sus dos hijos de siete y ocho años. Guacho y Rosa son de Esmeraldas, Ecuador, pero hace un año llegaron a vivir a la comuna El Cóngoma, en Santo Domingo de los Tsáchilas. Cuando se acerca el mediodía, Rosa camina descalza hacia la carretera. Allí espera a que sus niños lleguen de la escuela. Los 10 dólares semanales que gana Guacho como peón de la finca donde viven, no le alcanza para darse "el lujo" de comprar zapatos. Lo que sí tienen ambos son bota...
sudor, lágrimas, saliva y sangre.