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Mostrando entradas de 2020

Maradora es un espejo

El primer recuerdo que tengo de Maradona es gracias a mi papá. Era una niña, 5-6 años, quizá. Don Robles me hizo odiarlos, a Maradona y al fútbol al mismo tiempo. Un odio infantil. En casa, había tres momentos en los que nadie comía o tenía un momento de calma: cuando jugaba Liga de Portoviejo, Barcelona o Maradona. Maradona como equipo, porque nadie decía ‘Argentina’, ‘Boca’, no... Todos decían o gritaban, más bien: “va a jugar Maradona”.  Ni siquiera hay que ponerle el Diego Armando antes. Lo de Liga de Portoviejo lo entendía. Mi papá fue jugador de ese equipo de la ciudad donde nací. Recuerdo que me disfrazaba con aquel uniforme verde y blanco y me llevaba al estadio. Lo de Barcelona, bueno, aún trato de entenderlo. Pero Maradona. ¡Maradona! Un jugador de Argentina, un país del cual lo único que sabía yo, en ese entonces, era eso, que de allí era Maradora. El ritual era el mismo. Don Robles se paraba frente al enorme televisor Panasonic de doble perilla. Le daba vuelta a un...

Regálame la sonrisa del primer día

La primera vez que vi a Andrea, lo que más me llamó la atención fue su sonrisa. Amplia y enmarcada por labios rojos.   Tenía un lápiz Mongol   en su mano derecha. Esos a los que   yo le clavaba los dientes en la escuela, ella lo usaba para pintar al carboncillo. Volvamos a la sonrisa. Cuando se ríe, es de esas personas a las que se les hacen los ojos pequeñitos. También cuando llora. No recuerdo la fecha de esa primera sonrisa, pero sé con exactitud el día en el que su llanto, o lo que lo provocaba, me estrelló contra un muro que segrega odio,   como vidrios que laceran la piel. Fue el 28 de octubre de 2020. Me saltó una alerta en Facebook. Era una transmisión en vivo, que usualmente me valen Trump (Un pana me dijo que no usara la palabra ‘verga’ porque es valiosa. Estuve de acuerdo).   Esta vez no ignoré. Decía que tenía que contar algo importante. Una decisión que había tomado. Más que las palabras, su semblante marchito y ojos hinchados me hipnotizaron ...

Amor en lugar de encierro

 "Creo en Dios, pero es difícil. Podría pedirle que dejen de existir las clínicas de deshomosexualización, pero Él me diría que están bien esos lugares. Entonces, mejor le rogaría para que a la gente mala le transforme el corazón, para que dejen de lastimar a la comunidad LGBTI". Z ackary Elías Morales tiene 22 años. A los 16, aún lo llamaban con el nombre con el que lo bautizaron cuando nació, ‘Karlibeth’. A esa edad, no solo rechazaba su nombre de mujer, sino que quería terminar de una vez con su feminidad biológica . Quería ser Zack , el hombre transexual que ahora es. Mónica no entendía por qué a su hija preciosa, la más linda que había visto, le gustaban las mujeres y no los hombres. Por qué su niña no quería usar vestidos y se cortó a ras su melena negra y larga. Para ella, la transexualidad era un término desconocido , que le generaba tanto odio como para aceptar la propuesta de internarla en una “clínica” en la que le prometieron a su Juan Carlos , su esp...

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