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Mostrando las entradas etiquetadas como Orgasmo

En el baile descubrió su propio placer

Su virginidad le estorbaba, la hacía sentir inculta. Tenía 16 años y a esa edad, la mayoría de sus compañeras de colegio ya habían tenido sexo. Mathilda recién empezaba una relación de besos y abrazos con su primer novio. Fue una noche. No aguantó más y congeló al muchacho con una propuesta ardiente. “Tengamos sexo”, le lanzó como una cachetada que lo dejó atontado. No terminaba de reaccionar cuando ella ya estaba desnuda. Todo lo había preparado sin descuidar ningún detalle. Tenía condones en la mochila, escogió la lencería más bonita y había depilado cada vello recién nacido de su cuerpo delgado y de apariencia infantil. Sus lentes y la uniceja, que no tenía fin en ceño, la hacían lucir extraña, como ella misma se describe. Pero no sabe explicar cómo aquella rareza despertaba el morbo en algunos hombres. A Mathilda, el sexo siempre le ha dado igual, sobre todo después de ser desflorada. “Yo lo hice más por curiosidad, para descubrir qué era el sexo realmente. Nunca fue nada...

Lucía fingió orgasmos por mucho tiempo

Fue un año completo o más bien, incompleto. No hubo orgasmos, ni gemidos, ni besos apasionados. La piel de Lucía Zambrano se había convertido en un escudo que alejaba a la lujuria. La rutina había transformado el sabor dulzón del sexo en hiel que avinagraba los labios carnosos de la guayaquileña, de 24 años. Los cinco años de la relación amorosa con su primera pareja fueron extinguiendo el fuego que se encendió en su cuerpo cuando le entregó su virginidad a los 16. Pero su hastío no lo provocó el tiempo, aclara la rubia de cintura estrecha y piel pálida. Era tosco, le abría las piernas aunque ella no estuviese preparada, se metía en su carne fría, incluso, mientras ella dormía, describe nostálgica, más por la cobardía de no haberle dicho lo que le disgustaba, que por los orgasmos que dejó escapar en su alcoba matrimonial. “Fingía que acababa la mayoría del tiempo”, confiesa arrepentida, con la mirada sumergida en la piscina de su casa de Samborondón. -Pero, ¿por qué lo hacías...

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