Las luces multicolores recorren las mesas y paredes de madera del Blue Moon. Tres lámparas: verde, roja y azul, lanzan los rayos tenues en el fondo del bar y se mueven al ritmo del reguetón que retumba en los altoparlantes y se escucha hasta la avenida principal de Bahía de Caráquez. El trago está listo y el muchacho que vocifera en la entrada promete el mejor ambiente y diversión para una farra, pero hay un problema: no hay clientes, y aquel jueves 5 de abril no los hubo en toda la noche. Pero no importa. María Belén Jayak tiene una ley que no rompe: "tenemos que abrir así no vendas nada". Y no hay día en que las puertas de su local se cierren, más por amor a aquella parroquia del cantón Sucre, que por dinero. A dos años del terremoto que arrasó con la infraestructura hotelera de este balneario, la vida nocturna, a falta de turistas y por la migración de sus habitantes, es una fiesta que está apagada. Antes del 16 de abril de 2016, cuando el sismo de 7,8 g...
sudor, lágrimas, saliva y sangre.