“Las mujeres que consumimos y nos convertimos en adictas a la droga somos más de las que se imaginan... ”, dice ‘Magdalena’ en un murmullo que se pierde en el amplio patio de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) del Instituto de Neurociencias de Guayaquil . Junto a ella, a quien le falta un mes para terminar su rehabilitación, camina Jimmy Ortiz, psiquiatra de esta clínica privada de la Junta de Beneficencia, la única autorizada para tratar a mujeres drogodependientes en la ciudad. Tiene 20 cupos y no hay más en Guayaquil , al menos, legalizadas. De hecho, el Ministerio de Salud Pública (MSP) solo tiene tres Centros Especializados para el Tratamiento de Alcohol y otras Drogas (Cetad) en la urbe, pero masculinos . Femeninos no hay. “La mujer se ha invisibilizado como consumidora”, apunta Ortiz, mientras recorre junto a EXPRESO las instalaciones del UCA, donde se accede a través de ...
sudor, lágrimas, saliva y sangre.