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Mostrando las entradas etiquetadas como sexo

Abuelita de 70 años y aún prostituta

Titubea. Una sonrisa cándida de dientes encaramados se abre entre las arrugas de sus mejillas. Maquilla su edad, aunque en su piel cuarteada hay más años. Dice que tiene  70 , de los cuales  53  ha dedicado a la  prostitución  y al  sexo   casual . La Gata tuvo su primer orgasmo a los 13. Su primer esposo, también. A los últimos, orgasmo y esposo, no los recuerda. Nadie la ha gobernado, recita con su altivez intacta, que no se ha marchitado con los años. Por eso sigue siendo  prostituta , aunque sea abuela de nueve nietos, y los que ya son  adolescentes  le hayan sugerido  jubilarse . Sigue trabajando, reitera, porque valora su independencia. No hay día en que se quede en casa. Sale del noroeste de  Guayaquil  a la hora que quiere. Se toma su tiempo para maquillarse los párpados de un azul eléctrico que resalta sus ojos color miel. La boca, siempre teñida de fucsia. Ha dejado de colocarse base en el rostro porque ...

Le encantaba el sexo con desconocidos

La idea de encontrarse con un desconocido la excitaba. Aún la excita. Melissa tenía 20 años cuando descubrió que el sexo con extraños era su más potente afrodisíaco. La pornografía había pasado de ser el juego clandestino con sus amigos de adolescencia a la forma de darse placer en soledad. Pero más allá de avivar su fogosidad, fue la puerta que la llevó a conocer otra gente que, como ella, lo único que quería era disfrutar del placer sin ataduras. Acostumbraba abrir páginas de contenido adulto para regocijarse con cada escena. Y, una noche, apareció en una de ellas un anuncio publicitario que propiciaba encuentros sexuales en su ciudad. Se cansó de ser solo ella con sus ojos clavados en la pantalla y sus manos jugando con la humedad de su entrepierna. Quería conquista, otras manos, otra piel. Hizo clic. Se había mudado a la capital hace poco. No quería pasar su vida en el pequeño pueblo colombiano en el que nació. Como primer paso para formar una empresa con su propia línea ...

En el baile descubrió su propio placer

Su virginidad le estorbaba, la hacía sentir inculta. Tenía 16 años y a esa edad, la mayoría de sus compañeras de colegio ya habían tenido sexo. Mathilda recién empezaba una relación de besos y abrazos con su primer novio. Fue una noche. No aguantó más y congeló al muchacho con una propuesta ardiente. “Tengamos sexo”, le lanzó como una cachetada que lo dejó atontado. No terminaba de reaccionar cuando ella ya estaba desnuda. Todo lo había preparado sin descuidar ningún detalle. Tenía condones en la mochila, escogió la lencería más bonita y había depilado cada vello recién nacido de su cuerpo delgado y de apariencia infantil. Sus lentes y la uniceja, que no tenía fin en ceño, la hacían lucir extraña, como ella misma se describe. Pero no sabe explicar cómo aquella rareza despertaba el morbo en algunos hombres. A Mathilda, el sexo siempre le ha dado igual, sobre todo después de ser desflorada. “Yo lo hice más por curiosidad, para descubrir qué era el sexo realmente. Nunca fue nada...

Ser estríper, su regalo de 18 años

Los dedos fríos y temblorosos de Kathalina Marín se escurrían sobre el tubo de un cabaré del norte de Guayaquil, igual al sudor que chorreaba sobre su piel blanca. Era 1 de agosto de 2015 y bailó como nunca antes. El erotismo brotaba de sus poros en cada contoneo, y las miradas hambrientas de deseo la devoraban. Su show apenas duró cinco minutos. Fue tiempo suficiente para encandilar con su belleza, no solo a los clientes del night club, sino a los propietarios que, sin pensarlo, la contrataron como bailarina erótica. Han pasado tres años y aún la ensordecen los aplausos y chiflidos de aquella presentación. Fue su primera vez, la que la dejó desnuda, con la tanga repleta de billetes y con el corazón acelerado de felicidad. Ese día cumplía 18 años. No quería fiesta, pastel, salidas, nada. Lo único que necesitaba era acudir a ese burdel. Allí mismo, donde meses antes la echaron cuando fue a pedir trabajo, porque era una adolescente. Ahora era diferente. Al fin tenía la mayoría ...

Incesto, amenaza silenciosa

La casa grisácea se pierde entre la vegetación de la parroquia rural del cantón Atahualpa. Esas paredes de bloques encerraron durante años un supuesto caso de incesto que horrorizó a aquel pueblo de El Oro. El rumor de que Roberto (nombre ficticio), de 56 años, mantenía relaciones sexuales con sus hijas —desde que eran menores de edad— y quedaron embarazadas de él, empezó hace más de 10 años. Sin embargo, no fue sino hasta el pasado 8 de julio de 2018, cuando un grupo de policías lo interceptó en el patio de esa vivienda, que él habría confesado que, además, presuntamente hizo lo mismo con una de sus nietas de 14 años —que tuvo con una de sus hijas—, hacía casi un año. Ella también quedó encinta. Si una profesora no se hubiera dado cuenta de que todo esto ocurría, y no lo hubiera denunciado, él continuaría viviendo en aquella casa, junto a su esposa, hijos, los cinco hijos-nietos que al parecer tuvo con sus parientes y su bisnieto-hijo. “La familia se quedaba callada, no ...

Lucía fingió orgasmos por mucho tiempo

Fue un año completo o más bien, incompleto. No hubo orgasmos, ni gemidos, ni besos apasionados. La piel de Lucía Zambrano se había convertido en un escudo que alejaba a la lujuria. La rutina había transformado el sabor dulzón del sexo en hiel que avinagraba los labios carnosos de la guayaquileña, de 24 años. Los cinco años de la relación amorosa con su primera pareja fueron extinguiendo el fuego que se encendió en su cuerpo cuando le entregó su virginidad a los 16. Pero su hastío no lo provocó el tiempo, aclara la rubia de cintura estrecha y piel pálida. Era tosco, le abría las piernas aunque ella no estuviese preparada, se metía en su carne fría, incluso, mientras ella dormía, describe nostálgica, más por la cobardía de no haberle dicho lo que le disgustaba, que por los orgasmos que dejó escapar en su alcoba matrimonial. “Fingía que acababa la mayoría del tiempo”, confiesa arrepentida, con la mirada sumergida en la piscina de su casa de Samborondón. -Pero, ¿por qué lo hacías...

"En el webcam tuve mi primer orgasmo"

  -¿Cómo cambió tu vida sexual después de este trabajo? -En el webcam tuve mi primer orgasmo... (Risas)   -¿Y nunca habías sentido uno? -Pensé que sí. Esto me hizo redescubrir  mi sexualidad. El placer se presentó ante Katherine Castro Valencia como una cascada que empapó su entrepierna.  La colombiana tenía 21 años, dos exnovios a cuestas, cuatro años de mantener relaciones sexuales y jamás había tenido un orgasmo. Pero no lo sabía.  El clímax la dejó sin aliento durante su primer día de trabajo como modelo webcam. No lo niega, temblaba de miedo por tener que quitarse la ropa y tocarse con lascivia delante de la cámara, conectada a una página web de contenido para adultos. Pero se dejó llevar.  Uno de los tantos usuarios que miraba la desnudez de su piel blanca a través de la pantalla pagó para llevarla a un chat privado. Le pidió que usara el hitachi, un juguete sexual con vibración que estimula sus partes íntimas. Eso fue todo. "Yo nunca había s...

Temen que se vaya la paz que hallaron en El Laurel

Le quedan 46 días y la nostalgia huele a cerveza. Sofía mira cómo cae la botella marrón desde la mesa de un borrachito que tambalea en la silla de uno de los cuatro prostíbulos de la parroquia El Laurel, de Daule. El sonido del cristal estrellándose contra el piso hace voltear a los clientes y correr a una de sus compañeras con escoba en mano. Tiene un año exacto ejerciendo la prostitución en ese sector y la cerveza derramada que moja los vidrios rotos es lo único que altera, de vez en cuando, la tranquilidad que, asegura, encontró en El Laurel, cuando llegó allí para ofrecer sus servicios sexuales. Los rumores llegaron a los oídos de la joven quevedeña. Tiene miedo de que llegue el 31 de diciembre y deje de tomar el bus en que viaja durante hora y media todos los días, desde Quevedo a Daule, ya que desde esa fecha se dejarán de emitir permisos de uso de suelo para prostíbulos que estén cercanos a la población. En el caso de ese cantón, los 11 centros de tolerancia que se dist...

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