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Cómo ser un gran escritor: Charles Bukowski

Tienes que cogerte a muchas mujeres bellas mujeres y escribir unos pocos poemas de amor decentes y no te preocupes por la edad y/o los nuevos talentos sólo toma cerveza más y más cerveza. Anda al hipódromo por lo menos una vez a la semana y gana si es posible. aprender a ganar es difícil, cualquier patán puede ser un buen perdedor. y no olvides tu Brahms, tu Bach y tu cerveza. no te exijas. duerme hasta el mediodía. evita las tarjetas de crédito o pagar cualquier cosa en término. acuérdate de que no hay un pedazo de culo en este mundo que valga más de 50 dólares (en 1977). y si tienes capacidad de amar ámate a ti mismo primero pero siempre sé consciente de la posibilidad de la total derrota ya sea por buenas o malas razones. un sabor temprano de la muerte no es necesariamente una mala cosa. quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos y como las arañas sé paciente, el tiempo es la cruz de todos. Más que el exilio la der...

Lo que provocas

Mis manos lo saben: son un fracaso en su intento por emular a las tuyas, que están en algún lado de un mundo que me hastía sin tu presencia. Ellas buscan en el húmedo refugio de mi entrepierna, tratan de encontrar las únicas sensaciones que provoca el calor de tus dedos. Esas que erizan mi piel, que casi la laceran de placer, uno inexistente, único, que se forma con la combinación de tu aroma de éxtasis y mi olfato rendido. Con cada segundo las ansias crecen, mis sentidos se deseperan, son tan fieles a tu respiración agitada, a tu voz soberbia, pues sabe que su música es la que quieren escuchar mis oídos. Mis manos continúan, te desean, son cómplices de tu recuerdo que no da tregua, se mueven, te escuchan a lo lejos, usurpan un lugar que sólo le corresponde a tus labios, a tu lengua inequívoca, experta. Mis manos lo logran, emulan torpemente tus movimientos consiguiento su objetivo, deleitando mi cuerpo con la intensidad de tu recuerdo, mientras esta habitación tan impregnada de ti, i...

Un fragmento de algo...

...Aparecen ya los primeros celestes de un día que quiere despertar, disfrazados de violetas y blancos que se confunden con el negro azulado de una noche que bosteza. Es otra madrugada que se pasa fugaz e insomnia; ya quisiera yo que el día le cediera unas cuantas horas al ocaso. Si fue el exceso de café o la falta de inspiración la culpable, ya no tenía tiempo de dictar sentencia, al menos había terminado la crónica que será la portada del periódico. No hay nada más tedioso que escribir sobre un particular impuesto cuando tus ideas y tu mente quieren parir letras de experiencias y sabores que has degustado en días encantados, y nada más irónico que te paguen por algo que te causa placer. Aunque las obligaciones siempre le quitan lo placentero a todo, incluso a la escritura... al sexo, que es lo más deleitoso que se me ocurre en este momento. Un periodista es como una puta, que espera en un cuarto para fingir amor, compañía a un desconocido que le dará de comer. Acá es lo mismo, ...

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