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Karina descubrió nuevos placeres en el embarazo

Se miraba en el espejo hipnotizada. No podía creer que aquellos pechos hinchados y caderas redondeadas fueran suyos. Lo mejor era el brillo que irradiaban sus ojos negros. “¡Qué sexy!”, pensaba incrédula. Cuatro meses antes, Karina Monroy se enteró de que estaba embarazada por primera vez. Tenía 25 años y 10 meses de casada. Su vida con Andrés era una luna de miel constante, en la que ambos no perdían la oportunidad de amarse. Lo hacían donde fuera, cuando fuera... Su esposo es el amor de su vida y su mejor amante. Por eso, cuando la prueba de embarazo dio positiva, junto a la inmensa alegría de convertirse en madre, iba adherido el miedo de que sus ardientes encuentros se enfriaran. A Karina, la idea la atormentó hasta que acudieron al médico. “Yo fui con ese miedo, pero también con cero vergüenza. Le tenía que preguntar a mi doctor si podía estar con mi esposo. No podía imaginar nueve meses sin él”, confiesa la locutora de radio Punto Rojo, con una sonrisa traviesa, a la que ...

Ser estríper, su regalo de 18 años

Los dedos fríos y temblorosos de Kathalina Marín se escurrían sobre el tubo de un cabaré del norte de Guayaquil, igual al sudor que chorreaba sobre su piel blanca. Era 1 de agosto de 2015 y bailó como nunca antes. El erotismo brotaba de sus poros en cada contoneo, y las miradas hambrientas de deseo la devoraban. Su show apenas duró cinco minutos. Fue tiempo suficiente para encandilar con su belleza, no solo a los clientes del night club, sino a los propietarios que, sin pensarlo, la contrataron como bailarina erótica. Han pasado tres años y aún la ensordecen los aplausos y chiflidos de aquella presentación. Fue su primera vez, la que la dejó desnuda, con la tanga repleta de billetes y con el corazón acelerado de felicidad. Ese día cumplía 18 años. No quería fiesta, pastel, salidas, nada. Lo único que necesitaba era acudir a ese burdel. Allí mismo, donde meses antes la echaron cuando fue a pedir trabajo, porque era una adolescente. Ahora era diferente. Al fin tenía la mayoría ...

El arte de la crónica

Heriberto Fiorillo, periodista colombiano La  crónica  crece contra el periodismo convencional, que alega defender una pretendida "objetividad". Si, como dice Darío Jaramillo Agudelo en su introducción, la  crónica  periodística es la prosa narrativa de más apasionante lectura y mejor escrita en Latinoamérica -si, como él añade, un lector que busque textos escritos por gente que da importancia a que ese lector no se aburra, va sobreseguro si lee la  crónica  latinoamericana actual-, este último libro de Jaramillo Agudelo podría ser un best seller. Y podría serlo porque, con un rigor de sabueso empedernido y ese mismo exigente criterio de lector, el hombre ha escogido 53 crónicas -y ocho reflexiones sobre el género- de 46 periodistas de diez países de nuestra América para conformar las 650 páginas de su apetitosa Antología de  crónica  latinoamericana actual, que acaba de llegar a los estantes de las librerías iberoamericanas. ¿Qué e...

Incesto, amenaza silenciosa

La casa grisácea se pierde entre la vegetación de la parroquia rural del cantón Atahualpa. Esas paredes de bloques encerraron durante años un supuesto caso de incesto que horrorizó a aquel pueblo de El Oro. El rumor de que Roberto (nombre ficticio), de 56 años, mantenía relaciones sexuales con sus hijas —desde que eran menores de edad— y quedaron embarazadas de él, empezó hace más de 10 años. Sin embargo, no fue sino hasta el pasado 8 de julio de 2018, cuando un grupo de policías lo interceptó en el patio de esa vivienda, que él habría confesado que, además, presuntamente hizo lo mismo con una de sus nietas de 14 años —que tuvo con una de sus hijas—, hacía casi un año. Ella también quedó encinta. Si una profesora no se hubiera dado cuenta de que todo esto ocurría, y no lo hubiera denunciado, él continuaría viviendo en aquella casa, junto a su esposa, hijos, los cinco hijos-nietos que al parecer tuvo con sus parientes y su bisnieto-hijo. “La familia se quedaba callada, no ...

Lucía fingió orgasmos por mucho tiempo

Fue un año completo o más bien, incompleto. No hubo orgasmos, ni gemidos, ni besos apasionados. La piel de Lucía Zambrano se había convertido en un escudo que alejaba a la lujuria. La rutina había transformado el sabor dulzón del sexo en hiel que avinagraba los labios carnosos de la guayaquileña, de 24 años. Los cinco años de la relación amorosa con su primera pareja fueron extinguiendo el fuego que se encendió en su cuerpo cuando le entregó su virginidad a los 16. Pero su hastío no lo provocó el tiempo, aclara la rubia de cintura estrecha y piel pálida. Era tosco, le abría las piernas aunque ella no estuviese preparada, se metía en su carne fría, incluso, mientras ella dormía, describe nostálgica, más por la cobardía de no haberle dicho lo que le disgustaba, que por los orgasmos que dejó escapar en su alcoba matrimonial. “Fingía que acababa la mayoría del tiempo”, confiesa arrepentida, con la mirada sumergida en la piscina de su casa de Samborondón. -Pero, ¿por qué lo hacías...

Eligieron el acelerador en lugar de los frenos

El pie de Miriam Chávez Carrión se estampó en el acelerador de su taxi en cuanto el pasajero, que había recogido en el centro de Guayaquil, le mostró un revólver empuñado en su mano derecha. La adrenalina no le dejó medir la velocidad a la que iba o el color de las luces en los semáforos. En un pestañeo, recorrió las más de 20 cuadras que hay desde la calle Capitán Nájera hasta El Oro, donde el grito aterrador del antisocial la hizo frenar a raya. -¡Tranquila, señora, que era una broma!- le dijo con el rostro pálido y estremeciéndose de miedo. -Ya pues, si usted me enseña un arma, quiere decir que me quiere matar y si es así, mejor nos morimos los dos- le contestó inmediatamente con una altivez que lo hizo abrir la puerta y desaparecer dando tumbos por las aceras. A ella, las piernas le temblaban tan fuerte como su corazón, pero no estaba dispuesta a dejarse amedrentar ni una sola vez más. Desde que empezó a conducir de manera profesional, a los 17 años, la habían asaltado...

"En el webcam tuve mi primer orgasmo"

  -¿Cómo cambió tu vida sexual después de este trabajo? -En el webcam tuve mi primer orgasmo... (Risas)   -¿Y nunca habías sentido uno? -Pensé que sí. Esto me hizo redescubrir  mi sexualidad. El placer se presentó ante Katherine Castro Valencia como una cascada que empapó su entrepierna.  La colombiana tenía 21 años, dos exnovios a cuestas, cuatro años de mantener relaciones sexuales y jamás había tenido un orgasmo. Pero no lo sabía.  El clímax la dejó sin aliento durante su primer día de trabajo como modelo webcam. No lo niega, temblaba de miedo por tener que quitarse la ropa y tocarse con lascivia delante de la cámara, conectada a una página web de contenido para adultos. Pero se dejó llevar.  Uno de los tantos usuarios que miraba la desnudez de su piel blanca a través de la pantalla pagó para llevarla a un chat privado. Le pidió que usara el hitachi, un juguete sexual con vibración que estimula sus partes íntimas. Eso fue todo. "Yo nunca había s...

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