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Entradas

Alejados del mundo

Necesidad, estrechez, carencia de lo necesario para vivir, es como los diccionarios describen a la pobreza. Cuando llegué ayer al hogar de la familia Pianchiche Tapuyo, fue la primera palabra que se me vino a la cabeza.   Lo que al parecer en alguna ocasión fue una casa, ahora es su hogar. La estructura tiene más de 20 años y ahora carece de paredes, sólo un plástico en un costado, y un techo agujereado protegen del sol, el viento y la lluvia a Guacho Pianchiche (42), su esposa Rosa Tapuyo (43) y sus dos hijos de siete y ocho años. Guacho y Rosa son de Esmeraldas, Ecuador, pero hace un año llegaron a vivir a la comuna El Cóngoma, en Santo Domingo de los Tsáchilas. Cuando se acerca el mediodía, Rosa camina descalza hacia la carretera.  Allí espera a que sus niños lleguen de la escuela. Los 10 dólares semanales que gana Guacho como peón de la finca donde viven, no le alcanza para darse "el lujo" de comprar zapatos. Lo que sí tienen ambos son bota...

Viven de la yuca

Si alguien quisiera contactar a José Vargas y Jhonny Jiménez el 24 de enero, seguramente estarán en un solo lugar: sus sembríos de yuca.   El motivo, la luna menguante que habrá ese día. Según ellos, cuando la luna entra en esta fase, es el momento ideal para sembrar yuca. ¿Por qué? Como explicarían "los ancestros" este es un buen periodo para el crecimiento rápido y vigoroso de raíces, porque hay menos rayos lunares, así que las hojas crecen lento y la raíz (yuca) se hace fuerte y vigorosa. "Después de casi nueve meses, que dura el cultivo, la yuca sale bien bonita, gorda y grande", menciona Jiménez, quien se dedica a sembrar, cosechar y vender este producto hace ocho años. Menciona que se hizo yuquero porque este alimento se puede plantar en cualquier época del año. Él lo hace cada mes, y se guía por la luna. De cinco a diez hectáreas cosecha en ese mismo lapso de tiempo (un mes), en su finca ubicada en la vía al Búa, en Santo Domingo de lo...

Prostitución bajo el municipio

Sus vestidos ajustados, pequeños y coloridos se confunden entre los trajes formales. El aroma a perfume caro se mezcla con el olor a cabello mojado y a jabón de hotel. Tratan de pasar desapercibidas, pero en los bajos del Municipio de Santo Domingo de los Tsáchilas ya todos las conocen. La parte baja del cabildo es la "oficina" de las casi 60 trabajadoras sexuales, que buscan allí el pan de cada día en el deseo de sus clientes. Ellas pertenecen a la Asociación de Trabajadoras Sexuales Las Barbies, y llevan años ejerciendo la prostitución en ese lugar. Allí, "Jazmín" acude a diario hace ocho años. Lo que ella prefiere resumir con la palabra "problemas" fue lo que la llevó a elegir el oficio de trabajadora sexual. Una empleada municipal pasa junto a "Jazmín". La mira de reojo y acelera el paso. La morena ya está acostumbrada a eso. "Ellos no nos quieren aquí, dicen que damos mal aspecto estando en los bajos de esta inst...

Zapaterías colgantes (shoefiti)

¿A quién no le gusta tener zapatos nuevos? Hay personas que los compran cada semana, otras que ahorran por mucho tiempo para adquirir un par, y unas cuantas los lanzan a los cables de energía. Sí, los avientan al tendido eléctrico porque "dicen por ahí" que quien lo hace, al poco tiempo recibe calzado nuevecito. En la cooperativa Los Unificados de Santo Domingo de los Tsáchilas, José Quiguiri levanta la mirada y se ríe. Observa los pares que están colados sobre un cable de luz y relata que esos zapatos los pusieron allí "unos pelados", que creen que pronto por arte de magia tendrán zapatos nuevos. "De ley van a tener zapatos nuevos porque lanzaron el único par que tenían", bromea. Pero ir por varios sectores de la ciudad y encontrarse con esta "decoración" en el alambrado eléctrico, podría tener un significado más profundo, que el de varios muchachos deseando lucir calzado de paquete en sus pies. Lucila tiene la respuesta. ...

Los roles en la vida cambian, el amor no...

Mi papá y yo en mi primer cumpleaños Vuelvo a este lugar luego de 26 años. Ahora llevo de la mano a mi papá. Él me trajo aquí cuando apenas tenía tres meses de nacida para salvarme la vida. Ahora camina más lento, soy más alta que él y me doy cuenta que el tiempo pasa rápido, y los roles que te da la vida cambian. Este lugar está diferente, mamá me describe cómo era cuando me operaron, mientras esperamos a que un doctor revise a mi padre. Los roles en la vida cambian, el amor no. Hay palabras que pueden transformarlo todo. Unas que te hacen reír a carcajadas, otras que te fruncen el ceño y algunas que le arrancan lágrimas a tus ojos. Esas últimas son terribles. Contrincantes difíciles a la hora de mostrarte fuerte. "Tu papá está enfermo", me acuchilló el médico. Una persona no está acostumbrada a estas letras juntas. Se supone que los papás son súper héroes que bajan calenturas, dan jarabe en la boca, te ponen pañitos húmedos en la frente. Creo que estoy sintiendo lo mis...

Para el amor no hay edad

Santita cumplió la promesa que le hizo a su mamá: se casó. Tuvo una boda sencilla, civil y eclesiástica el 28 de febrero de 2011. Su amor, como ella lo describe, es un hombre “guapísimo”, de ojos azules y que la ama. “Hugo sí que me quiere”, dice. A pesar de que ya no recuerda el apellido de su esposo, pues los 80 años que tiene Santa Guadalupe Pisco hacen que su memoria falle. El amor que siente por Hugo, 10 años menor que ella, es tan grande que no miró su edad. Santa y Hugo se conocieron hace 3 años en el Centro Gerontológico Guillermina Loor y, como recuerda Santa, los ojos azules de su amor la atraparon. En ese mismo lugar se celebró su boda. Santa nació en Junín, pero se crió en San Plácido, y en su primera unión tuvo 3 hijos, todos fallecidos. La mujer recuerda que con el papá de sus hijos no pudo casarse porque él ya tenía otro compromiso “y me dejó por otra”, recordó. Pero el amor le permitió conocer a Hugo Macías y ahora comparten su vida en el asilo, pues a ambos sus fam...

Un "Jardín del Edén" en ancianato

Al cruzar el portón de la entrada, un “mar” de colores se mueve con el viento. Hay flores de todo tipo. A lo lejos, un pato canta. La voz de unos borregos le hacen eco.  Se camina unos metros, y los árboles frutales dan la bienvenida a los visitantes, también una gallina y sus pollitos se alejan temerosos. No, no es un Jardín del Edén, aunque se le parezca, se trata del ancianato Santa Ana y San Joaquín, en Santo Domingo de los Tsáchilas. Manos a las que el tiempo ha llenado de arrugas, pero que no ha podido detener, han creado jardines y huertos, han criado animales. “Venga mi guagua, mi guagüita”, susurra José Yamberla mientras agita sus manos, llamando a “Satélite”. Ella es la más pequeña de sus borregos. “Todos tienen nombre, Chavelita, Susanita y Panchito”, dice el hombre, que está próximo a cumplir los 80 años. Desde hace tres años, José vive en el ancianato y es el encargado de criar y cuidar a los cuatro borregos y los chanchos que ahí existen. Desde hace dos años, Santa...

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