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Sicarios rezan por sus ‘vueltas’ a ‘San Pablito’

Ojeó en silencio las letras grabadas en el mármol oscuro, esperó unos segundos y declamó cada nombre y apellido con tono elevado y ceremonioso: "Pablo Emilio Escobar Gaviria".  Lina María Pacheco asintió satisfecha y se agachó para rozar con la punta de los dedos la superficie fría y verdosa de la lápida, donde reposan los restos del narcotraficante más poderoso de la mafia colombiana.  El trayecto que dibujaron sus yemas ya lo habían recorrido, en 2014, las narices hambrientas de dos adolescentes que se grabaron esnifando cocaína, la droga que convirtió en una siniestra leyenda a quien yace bajo tierra desde el 3 de diciembre de 1993.  Era la primera vez que la mujer visitaba la tumba de ‘El Patrón’, de quien todavía se habla bajito en Colombia. Pero su sepulcro se ha convertido en una especie de altar dentro del cementerio Jardines Montesacro, en el municipio antioqueño de Itagüí.  Allí se hacen ‘ofrendas’ con ‘coca’ y sahumerios con marihuana, se reza y ...

El amor no enviuda

El perfume del amor disimulaba la hediondez amoniacal del desbuchadero donde José Mero vio por primera vez a la mujer de su vida. Entre tripas de pescados y despojos marinos conoció a Orlanda Palma. Ambos tenían 15 años y la pobreza los juntó en aquel lugar de la playa de Tarqui,  Manta , donde la pestilencia laceraba las fosas nasales. Él trabajaba destripando pescados y ella llegaba a regatear el marisco, que a veces no podía pagar. En lugar de flores, José le regalaba el pescado que guardaba bajo la mesa embadurnada de escamas. Se acuerda y suelta una risita, aún enamorado, con un gesto tímido que ruboriza su rostro tostado por el sol y opaco por el dolor. Nunca, en 38 años, se había separado de su ‘gordita’, hasta el 16 de abril de 2016. La fecha lo despedaza. Empapa con sus lágrimas la bufanda azul con la que oculta la fístula en su cuello. Recordar aquel día atropella sus palabras. Lo perdió todo: la casa que de a poco construyó en 30 años con ayuda de Orlanda y a to...

El 2016 le cayó como un palo en la nuca

Entre el ruido de los juegos pirotécnicos, de los cristales de las copas chocando entre sí y de las risas que musicalizaban el inicio del 2016, Gladys Steffani planificó, junto a su hija María José Coni, la mudanza a una casa más grande. La muerte frenó a raya el proyecto anual en febrero pasado y transformó a la emoción en una estaca fría que atravesaba el corazón de la madre cada que aparecía la posibilidad de dejar su pequeño departamento. Allí todo está intacto, tal como su Jose lo dejó a mediados de enero, para cumplir uno de sus mayores sueños, un viaje que también estuvo incluido en la lista de ‘cosas por hacer en el 2016’  y del cual jamás regresaría a su natal Mendoza, al oeste de Argentina. Los últimos libros que leyó quedaron en el mismo lugar, la ropa está tal cual la dejó luego de hacer la maleta y emprender su soñado viaje por Latinoamérica junto a su mejor amiga, Marina Menegazzo, y que tuvo su ‘fin obligado’ en Montañita, donde ambas fueron brutalmente asesin...

Un camino de miedo con una meta de amor

Las hojas de las tijeras se abrieron y el miedo disparó su ritmo cardiaco. No estaba preparado para el primer corte cuando el filo iba deshilachando la larga y delgada trenza que le llegaba hasta la cintura. “No hay marcha atrás”, pensó Fernando Machado mientras sentía que su cabello se iba desprendiendo de su cabeza. Allí dentro, sus pensamientos estaban más enredados que el tejido que finalmente terminó en las manos de la mujer que lo peinó por primera vez como lo que siempre se sintió: un hombre, a pesar de haber nacido biológicamente como mujer. Tenía 19 años y se paró frente al espejo para notar que lo que quedaba de María Fernanda Machado Quevedo se había esfumado casi por completo. El corte de cabello era necesario para que el transexual masculino, que actualmente tiene 23 años, cambiara la ‘a’ al final de su nombre por una ‘o’. No hay palabras para describir la felicidad que sintió. Se limita a sonreír cuando recuerda que tuvo que esperar 30 minutos en la peluquería pa...

Un último día de paz y un beso apasionado

Era instantáneo. Si se movía un poco, sentía cómo sus dedos se le clavaban en la piel y escuchaba un débil “no te vayas”, que  le hacía tragar grueso y le complicaba más la dura tarea de no llorar. Tan pronto como asomaba una lágrima en el rabillo de su ojo, Jairo Berbel apuraba su mano para secarla. No había algo que molestara más a su novia Yulexi Chévez que verlo triste. Eran las 23:00 del miércoles 3 de septiembre del 2014 y ella sabía que el cáncer, que se había alojado ya en sus pulmones, le estaba regalando unas horas más para cumplir el sueño de quedarse dormida en los brazos del amor de su vida. “Ella siempre quiso que viéramos una película y durmiéramos juntos. Por eso le pidió a la mamá que le dejara hacerlo esa noche”, recuerda Jairo, quien se acostó en su cama y acurrucó a su 'pecosa de ojos verdes' en su regazo. Durante dos horas, aquella habitación se llenó de paz y el silencio solo se interrumpía por la respiración entrecortada de la virreina de Buena F...

'Cooper’ aún espera a su amo muerto

El amor es más fuerte que las cadenas que rodearon su cuello o la potencia de gotas somníferas camufladas en un pedazo de pollo asado. Aunque probaron con amarrarlo y dormirlo, nada aleja a ‘Cooper’ de la esquina de la 29 y Maracaibo. Ni siquiera el tiempo. Desde hace 55 días, la lluvia ha empapado su pelaje cobrizo, el hambre ha marcado sus costillas sobre el pellejo infestado de pulgas y la tristeza es más visible en sus ojos que las mosquillas que los hastían por la infección. Sin embargo, la esperanza de que su amo regrese mantiene al perro mestizo aferrado a la vereda del que fue su hogar. Cristóbal Rentería fue asesinado de un balazo en la cabeza el 6 de diciembre pasado, pero la lealtad de ‘Cooper’ parece rechazar la despedida obligatoria que le impuso la muerte. Confía que, en cualquier momento, las puertas enrollables de lo que solía ser la peluquería de su mejor amigo se abran y pueda resguardarse de la soledad y del miedo. Su hocico jadeante no se despega del pavimento ...

Temen que se vaya la paz que hallaron en El Laurel

Le quedan 46 días y la nostalgia huele a cerveza. Sofía mira cómo cae la botella marrón desde la mesa de un borrachito que tambalea en la silla de uno de los cuatro prostíbulos de la parroquia El Laurel, de Daule. El sonido del cristal estrellándose contra el piso hace voltear a los clientes y correr a una de sus compañeras con escoba en mano. Tiene un año exacto ejerciendo la prostitución en ese sector y la cerveza derramada que moja los vidrios rotos es lo único que altera, de vez en cuando, la tranquilidad que, asegura, encontró en El Laurel, cuando llegó allí para ofrecer sus servicios sexuales. Los rumores llegaron a los oídos de la joven quevedeña. Tiene miedo de que llegue el 31 de diciembre y deje de tomar el bus en que viaja durante hora y media todos los días, desde Quevedo a Daule, ya que desde esa fecha se dejarán de emitir permisos de uso de suelo para prostíbulos que estén cercanos a la población. En el caso de ese cantón, los 11 centros de tolerancia que se dist...

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