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Una luz en medio de las tinieblas

El escenario era devastador. Pero entre las toneladas de escombros y montañas de dolor que poblaron las calles de Portoviejo, un milagro apareció entre la desolación y el llanto. Su pequeño cuerpecito estaba desnudo y ceniciento, pero a primera vista, intacto. Lo primero que hizo la niña, de aproximadamente 4 años, tras ser liberada de su prisión de fierros, pedazos de cemento y enseres inservibles, fue mover su manito y saludar a las decenas de personas que vieron su rescate y no daban crédito de que aquel angelito estuviera vivo. Ella aguantó más de doce horas bajo las paredes de lo que fue un enorme edificio, conformado por casi 10 departamentos y donde funcionaba una farmacia en la avenida Guayaquil y Rocafuerte, de Portoviejo. La capital manabita fue azotada, a las 18:58 del sábado 16 de abril de 2016, por un terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter que dejó más de 670 muertos y millones de dólares en pérdidas materiales. La niña salió ilesa a las 08:30 del domingo ...

Chongos se apagaron en Buena Fe

El fuerte olor a orina fermentada por el licor empezó a disiparse de la calle Miguel Méndez y sus intersecciones, desde el  2 de diciembre. Aquel viernes de 2016 murió la diversión carnal para los adultos buenafecinos. Los borrachitos que salían de los prostíbulos, ubicados en esa zona residencial de Buena Fe, bañaban las paredes con la fetidez que, para el último viernes de enero, había desaparecido.  A más de tres meses de la clausura de los seis nights clubs que quedaban en el centro de este cantón de la provincia de Los Ríos, el choque de las gotas de lluvia contra el pavimento levantaban un fresco vaho mohoso de la tierra mojada. La quietud había vuelto con el cierre de los lupanares.  ‘Mariela’ empinaba su nariz para disfrutar de la humedad. Ya no temía chocarse contra el tufo de vómito seco, de cigarrillo, o de la cerveza regada que dejaban los fiesteros más porfiados en su portal esquinero. Allí llegaban a ‘rematar’ cuando les cerraban los chongos y eso la o...

Sexo, sudor y tráileres

Las mejillas de Cristina parecían un semáforo en rojo. Era una noche calurosa, pero el sofocante bochorno decembrino de Buena Fe no era el que encendía su rostro. La vergüenza y el terror la quemaban y convertían a sus poros en cascadas de sudor. De sus cinco años como prostituta, era la primera vez que la colombiana abría sus piernas dentro de la cabina de un tráiler.  El bamboleo de su cuerpo, los gemidos, las convulsiones de la faena amatoria y la transpiración que empapaba su piel blanca hacían del estrecho cuartito móvil una olla a presión ruidosa. Un sauna a diésel al que se había metido por desesperación.  Llegó al país hace siete años y luego de recorrer siete ciudades, se estableció en este cantón de la provincia de Los Ríos. Estaba contenta, le gustaba la ciudad. Pero la felicidad le duró poco a la rubia treintañera. Cuando tenía dos meses de prestar sus servicios sexuales en uno de los seis prostíbulos ubicados en el centro de esa localidad tropical, estos fue...

Sicarios rezan por sus ‘vueltas’ a ‘San Pablito’

Ojeó en silencio las letras grabadas en el mármol oscuro, esperó unos segundos y declamó cada nombre y apellido con tono elevado y ceremonioso: "Pablo Emilio Escobar Gaviria".  Lina María Pacheco asintió satisfecha y se agachó para rozar con la punta de los dedos la superficie fría y verdosa de la lápida, donde reposan los restos del narcotraficante más poderoso de la mafia colombiana.  El trayecto que dibujaron sus yemas ya lo habían recorrido, en 2014, las narices hambrientas de dos adolescentes que se grabaron esnifando cocaína, la droga que convirtió en una siniestra leyenda a quien yace bajo tierra desde el 3 de diciembre de 1993.  Era la primera vez que la mujer visitaba la tumba de ‘El Patrón’, de quien todavía se habla bajito en Colombia. Pero su sepulcro se ha convertido en una especie de altar dentro del cementerio Jardines Montesacro, en el municipio antioqueño de Itagüí.  Allí se hacen ‘ofrendas’ con ‘coca’ y sahumerios con marihuana, se reza y ...

El amor no enviuda

El perfume del amor disimulaba la hediondez amoniacal del desbuchadero donde José Mero vio por primera vez a la mujer de su vida. Entre tripas de pescados y despojos marinos conoció a Orlanda Palma. Ambos tenían 15 años y la pobreza los juntó en aquel lugar de la playa de Tarqui,  Manta , donde la pestilencia laceraba las fosas nasales. Él trabajaba destripando pescados y ella llegaba a regatear el marisco, que a veces no podía pagar. En lugar de flores, José le regalaba el pescado que guardaba bajo la mesa embadurnada de escamas. Se acuerda y suelta una risita, aún enamorado, con un gesto tímido que ruboriza su rostro tostado por el sol y opaco por el dolor. Nunca, en 38 años, se había separado de su ‘gordita’, hasta el 16 de abril de 2016. La fecha lo despedaza. Empapa con sus lágrimas la bufanda azul con la que oculta la fístula en su cuello. Recordar aquel día atropella sus palabras. Lo perdió todo: la casa que de a poco construyó en 30 años con ayuda de Orlanda y a to...

El 2016 le cayó como un palo en la nuca

Entre el ruido de los juegos pirotécnicos, de los cristales de las copas chocando entre sí y de las risas que musicalizaban el inicio del 2016, Gladys Steffani planificó, junto a su hija María José Coni, la mudanza a una casa más grande. La muerte frenó a raya el proyecto anual en febrero pasado y transformó a la emoción en una estaca fría que atravesaba el corazón de la madre cada que aparecía la posibilidad de dejar su pequeño departamento. Allí todo está intacto, tal como su Jose lo dejó a mediados de enero, para cumplir uno de sus mayores sueños, un viaje que también estuvo incluido en la lista de ‘cosas por hacer en el 2016’  y del cual jamás regresaría a su natal Mendoza, al oeste de Argentina. Los últimos libros que leyó quedaron en el mismo lugar, la ropa está tal cual la dejó luego de hacer la maleta y emprender su soñado viaje por Latinoamérica junto a su mejor amiga, Marina Menegazzo, y que tuvo su ‘fin obligado’ en Montañita, donde ambas fueron brutalmente asesin...

Un camino de miedo con una meta de amor

Las hojas de las tijeras se abrieron y el miedo disparó su ritmo cardiaco. No estaba preparado para el primer corte cuando el filo iba deshilachando la larga y delgada trenza que le llegaba hasta la cintura. “No hay marcha atrás”, pensó Fernando Machado mientras sentía que su cabello se iba desprendiendo de su cabeza. Allí dentro, sus pensamientos estaban más enredados que el tejido que finalmente terminó en las manos de la mujer que lo peinó por primera vez como lo que siempre se sintió: un hombre, a pesar de haber nacido biológicamente como mujer. Tenía 19 años y se paró frente al espejo para notar que lo que quedaba de María Fernanda Machado Quevedo se había esfumado casi por completo. El corte de cabello era necesario para que el transexual masculino, que actualmente tiene 23 años, cambiara la ‘a’ al final de su nombre por una ‘o’. No hay palabras para describir la felicidad que sintió. Se limita a sonreír cuando recuerda que tuvo que esperar 30 minutos en la peluquería pa...

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