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¡Las dos "cruces" de Vilma!

Las lágrimas de Vilma aparecen apenas abre el grifo adaptado al extremo de una manguera. Es como si sus ojos se coordinaran con el chorro de agua que cae sobre la cabeza de su hijo Roger. “Cristo te ama, yo te amo”, repite e inmediatamente le pide que tome jabón y se frote su rostro en el que no aparece gesto alguno. Roger tiene 30 años, pero su mente es la de un niño recién nacido. Con la mirada perdida acierta a enjabonarse y quitar de su piel los restos de sus propias heces fecales con las que sin voluntad se ensució. Su razón se perdió  hace más de 13 años, cuando a su puerta tocó el fantasma de las drogas. Hasta los 17 años, Roger era un adolescente que soñaba con ser policía, al que le apodaban “Kaviedes”, porque según Vilma era excelente para el “peloteo” en su barrio al oeste de Guayaquil. El semblante apagado de la mujer, de 47 años, cambia, se transfigura cuando recuerda a su niño guapo de ojos café claros, el que hacía suspirar a las mujeres antes de chocarse de f...

Se apuró para desfilar por amor a su hija

Las gafas cafés que usaba Cecilia Parra para protegerse de un sol acolitador no ocultaban su emoción. Sus manos agitaban con fuerza una bandera multicolor de unos cinco metros, mientras caminaba pausada por la avenida Malecón, en Guayaquil.  No es lesbiana o bisexual, pero se desgañitaba gritando: “¡Viva el Orgullo Glbti!” y, de hecho, era la primera vez que participaba en el desfile que realiza la comunidad de Gais, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales en Guayaquil, por el Día del Orgullo, que a nivel mundial se celebra cada 28 de junio a escala internacional Sin embargo, desde hace 11 años, conoce y ama el mundo de la diversidad sexual, desde que su hija Jennifer Aguiño le confesó que le gustaban las mujeres y le llevó a presentar a su novia Jazmín. “Ella es mi mamá”, decía orgullosa Jennifer, quien era parte del grupo que desfiló por la Red Guayas Lgbti , organización conformada por varios colectivos que defienden la igualdad. La joven, de 29 años, recue...

Le faltó dinero, pero le sobraba amor

Apenas amanecía, el lodo se sentía casi helado en las plantas desnudas de los piecitos de aquel niño de siete u ocho años. Hubo días en los que Salvador Quishpe Lozano caminaba a su escuela sin zapatos, pero era lo de menos. En parte de su infancia, a veces hacía sin calzado las cosas que más le gustan, como patear una pelota sucia, hecha de trapos, por los llanos que en su niñez rodeaban el barrio Piuntza, del cantón Zamora, que lo vio nacer el 15 de marzo de 1971. Doña "Panchita", su mamá, tuvo que "pegarle" gritos de vez en cuando, porque por andar correteando por ahí, se olvidaba de pastar a los borregos, que eran parte del sustento de él y sus ocho hermanos. Desde que tiene memoria, el Prefecto de Zamora Chinchipe por la Unidad Plurinacional de las Izquierdas Pachakutik-MPD ha estado rodeado del aroma a pasto, árboles de cacao, plátano, la suavidad de la piel de borrego o el cacareo de las gallinas, porque su padre Manuel le enseñó al primero de sus hi...

“Dios me va a dar mi segundo milagro”

Todo estaba listo con semanas de anticipación: los zapatitos blancos como el uniforme, el delantal amarillo con un “Thiago Cedeño S.” bordado en letras rojas, la mochila, la lonchera y los útiles que estrenaría Thiago el pasado lunes en su primer día de clases de Inicial. Sanddy Sornoza esperaba con ansias ver a su hijo, de tres años, ingresar al aula de su jardín de infantes y lo hizo, pero a través de fotos y vídeos que su esposo Pedro Cedeño le enviaba a su celular. “Mami te voy a ver donde el doctor y empujo la silla de ruedas”, le dijo Thiago a las 07:30 antes de ingresar al centro infantil en Portoviejo, donde viven, mientras a Sanddy el corazón le bombeaba más rápido de la nostalgia en el cuarto número 1 del área de Neumología del hospital Teodoro Maldonado Carbo, en el sur de Guayaquil. Como todos los viernes, esta joven, de 31 años, llegó a esa casa de salud el pasado 29 de mayo a las rehabilitaciones que debe hacer a causa de su Linfangioleiomiomatosis, enfermedad que ju...

Del retrato al "selfie"

Ricardo fue mi primer maestro, uno de los pocos a los que se le puede dar ese calificativo. Cuando cumplí cinco años, mis padres decidieron que toda la familia -que ya no aumentaría más- fuera fotografiada para la posteridad. Contrataron al único fotógrafo del pueblo, fijaron día y hora; la sala fue encerada y adornada y por último, todos pasamos por un baño ritual antes de enfundarnos en la mejor ropa que teníamos. El fotógrafo, una especie de mago de ocultos saberes, compareció puntual, armó su cámara de ca­jón, nos acomodó a su gusto y cuando todos estuvimos serios y erguidos como militares, disparó su blanca llamarada de magnesio. Me pegué tal susto que volví la cara y el hechicero tuvo que repetir la placa y el fogonazo. Y aclaro: ¡no es que yo sea tan viejo, sino que la fotografía ha evolucionado muy rápidamente! Más tar­de, cuando adulto, yo mismo me hice fotó­grafo. Pri­mero en la lavandería de mi casa, convertida en cuarto  oscuro,  luego en los labora­t...

La eterna “Charito” del barrio María Piedad

En Durán, todos conocen donde vivió “La Hechicera". Lo único que se escuchaba en el patio interno que comparte la familia Cisneros Castro eran los planchazos de las hojas de zinc que se alzaban con el viento. El pasado martes a las 17:03, el silencio era tal entre esas paredes color ladrillo, que los graznidos de los patos y el cacareo de las gallinas que allí revolotean alborotaban a los perros que se desperezaban sobre el cemento. Todos dormían, a excepción de Jhonny Cisneros, quien asomó su cabeza canosa por la puerta donde “Charito” salió e ingresó cientos de veces. Así le decían a la niña flaquita, de sonrisa amplia y cabello rizado que creció en el barrio María Piedad, de Durán, y que años más adelante cambiaría ese apelativo por el de “Sharon”, que la convertiría en una diva, en “La Hechicera” de los escenarios ecuatorianos. A esa hora, parte del dolor yacía bajo tierra junto al féretro de la artista, su sobrina Edith Rosario Bermeo Cisneros, quien fue sepultada al medi...

El genio de la multitud

Hay suficiente traición y odio, violencia, necedad en el ser humano corriente como para abastecer cualquier ejercito o cualquier jornada. Y los mejores asesinos son aquellos que predican en su contra. Y los que mejor odian son aquellos que predican amor. Y los que mejor luchan en la guerra son -al final- aquellos que predican paz. Aquellos que hablan de Dios necesitan a Dios. Aquellos que predican paz no tienen paz. Aquellos que predican amor no tienen amor. Cuidado con los predicadores cuidado con los que saben. Cuidado con aquellos que están siempre leyendo libros. Cuidado con aquellos que detestan la pobreza o están orgullosos de ella. Cuidado con aquellos de alabanza rápida pues necesitan que se les alabe a cambio. Cuidado con aquellos que censuran con rapidez: tienen miedo de lo que no conocen. Cuidado con aquellos que buscan constantes multitudes; no son nada solos. Cuidado con el hombre corriente con la mujer corr...

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